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Lula: lo bueno, lo malo y lo feo |
MOISÉS
NAÍM 09/05/2010
La revista
Time acaba de incluir a Luiz Inácio Lula da Silva entre las personas más
influyentes del planeta. Ciertamente las actuaciones del presidente de Brasil
han afectado la vida de millones de personas y, en el caso de sus compatriotas,
muy positivamente. Pero Lula no sólo merece aplausos y admiración. También hay
aspectos de su conducta que son vergonzosos. Veamos. - Lo
bueno. Diez millones de brasileños se incorporaron a la clase media entre 2004
y 2008. La pobreza cayó del 46% de la población en 1990 al 26% en 2008. La
desigualdad en la distribución del ingreso ha disminuido. La hiperinflación es
una pesadilla que ya nadie recuerda. La deuda externa está en un envidiable 4%
del PIB. Las exportaciones se multiplicaron por cinco en sólo veinte años. Y
por si fuera poco, en la próxima década Brasil podría llegar a ser una
importante potencia petrolera. Gracias a
su éxito y a su tamaño, Brasil es ahora una presencia indispensable en las
negociaciones internacionales sobre clima, energía, comercio, finanzas,
desarrollo, proliferación nuclear y demás retos que confrontan al mundo. Así,
Lula ha hecho obsoleto el mal chiste según el cual Brasil era el país del
futuro y seguiría siéndolo para siempre. Brasil ya ha alcanzado mucho de su
potencial y no hay duda de que Lula merece un enorme reconocimiento por estos
éxitos. - Lo malo.
Lula es poco generoso. Debería compartir el crédito por los logros de su país
con Fernando Henrique Cardoso, su predecesor en la presidencia. Lula heredó una
economía reformada, políticas sociales de vanguardia y una base muy sólida para
continuar profundizando la liberalización y desregulación económica que
explican el actual éxito de Brasil. El gran mérito de Lula es haber mantenido,
ampliado y defendido estas políticas, que contrastan con las posiciones
ideológicas que mantuvo durante años. Lula lideró la oposición a las reformas
que hoy le ganan el aplauso del mundo. Mientras en las cumbres revolucionarias
con los Chávez, Castros y Ortegas del mundo Lula comparte con entusiasmo las
loas al socialismo, en sus decisiones en Brasil éste brilla por su ausencia.
Lula ha sido de los presidentes más pro-mercado y pro-sector privado e
inversión extranjera que ha tenido Brasil. Él suele decir que sus políticas
económicas de mercado sirven para construir las bases para el socialismo. Pocos
le creen. Y es fácil suponer que uno de los que no se lo cree es el propio
Lula. Lamentablemente,
el presidente brasileño tampoco ha podido impedir que en sus círculos más
cercanos florezca la corrupción que invade los gobiernos de América Latina.
Decir que esto es lo usual es tan correcto como reconocer que la lucha contra
la corrupción nunca ha sido una prioridad para Lula. - Lo feo.
Lula da Silva ha sido muy bueno para los brasileños y muy malo para millones de
sus vecinos. Los déspotas que tienen la suerte de ser amigos del presidente
brasileño y que están arruinando sus países, mientras Brasil progresa, saben
que cuentan tanto con el estridente apoyo como con el silencio cómplice de
Lula. Su incondicional respaldo público les aporta una valiosísima legitimidad
internacional que les sirve para actuar con aún mayor impunidad dentro de sus
países. Sería ingenuo esperar que Lula sea el gendarme de la democracia y los
derechos humanos en la región. Pero no debería ser ingenuo esperar que quienes
violan reiteradamente los derechos básicos de sus pueblos sepan que no cuentan
con el tolerante silencio de Lula y su fraternal abrazo en las cumbres
presidenciales. ¿No sería maravilloso que quienes son encarcelados por luchar
por la democracia en otros países sepan que Lula es su aliado, y no el de sus carceleros? La lista
de las contradicciones, inconsistencias y ejemplos de la doble moral de Lula es
triste y larga. Y no pasa semana sin que crezca. La última adición ha sido la
de obligar a que fuese excluido de la cumbre presidencial de la Unión Europea y
América Latina el nuevo presidente de Honduras, Porfirio Lobo. Según Brasil,
Lobo -quien ganó las elecciones sin las trampas, comunes en la región, de Hugo
Chávez y Daniel Ortega- no tiene las suficientes credenciales democráticas para
estar en esa reunión. Esto viene del mismo presidente que explicó al mundo que
Mahmud Ahmadineyad ganó las elecciones en su país limpiamente y que los miles
de iraníes que protestaron en las calles se estaban portando como los díscolos
hinchas de un equipo de fútbol después de que su equipo pierde. Al mismo tiempo
que Lula decía esto, Ahmadineyad ordenaba la pena de muerte para algunos de los
manifestantes. Feo, ¿no? Por todo
esto Lula pasará a la historia como un muy buen presidente para su pueblo y un
muy mal vecino para los amantes de la libertad. |
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| JAC | ||
| Source: MOISÉS NAÍM | ||
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