Desde
hace algunas semanas las portadas de los periódicos y las cabeceras de los
telediarios del mundo, hablan de la crisis financiera, ¿como no hacerlo si la
Reserva Federal de EEUU ha aprobado la creación de un fondo de 700.000 millones
de dólares destinado a la salvación de sus instituciones financieras, si los
alemanes y los ingleses han hecho algo similar, si en España hemos creado un
fondo de 30.000 millones de euros? La verdadera cuestión es ¿será correcto
plantearse el problema financiero en términos financieros? El argumento que
deseamos someter a consideración es que la faceta económica de la crisis, no es
sino la mera punta del iceberg, para ello veamos el iceberg.
Nuestra
crisis no es económica es de valores ¿cómo cuantificar los valores? Muy
fácil, con cifras oficiales que hablan de situaciones humanas esenciales.
¿Cuáles valores son los que están en crisis? ni más ni menos que los que atañen
a nuestra condición humana. Haremos un recorrido rápido por cuatro áreas la
Pobreza, las Armas, la Infancia y la Salud para luego hablar de soluciones,
soluciones reales.
POBREZA: Según cifras de Forbes las 3
personas más ricas del mundo poseen bienes superiores al PIB de los 48 países
menos desarrollados. Según las cifras del Fondo Monetario Internacional el
tercer mundo tiene el 80% de la población y el primer mundo el 14 %. Ese 14 % de
población privilegiada detenta el 78% de la riqueza mundial, dejando sólo el 20%
para el tercer mundo. El ex bloque soviético completa el puzzle con el 6% de la
población y el 2% de la riqueza.
La ONU
define la pobreza como la situación en la que vive una persona que dispone menos
de 400 dólares al año, es decir, que trata de sobrevivir con poco más de un
dólar al día. En esta situación hoy se encuentra uno de cada cinco
habitantes de la tierra: 1.300 millones de habitantes. ¿Es este un problema
de falta de riqueza? ¿O lo es de injusta distribución de la riqueza, más
profundamente de codicia y falta de respeto por la vida?
INFANCIA: ¿Y los niños del
mundo? Según datos de la ONU en 2006, cada siete segundos el hambre mata a un
niño menor de diez años; dos de cada cinco padecen de retraso y uno de cada tres
sufre de bajo peso. Dos millones de niñas son forzadas a ejercer la prostitución
y son 130 los millones de menores que no tienen acceso a la educación. La cifra
de menores de 15 años están obligados a trabajar para sobrevivir alcanza la
desorbitante cantidad de 250 millones. ¿Hasta cuando, en nombre de Dios, vamos a
seguir hablando de crisis financiera, de contaminación ecológica? La “verdadera
ecología” -estoy citando las geniales palabras del Obispo español Pedro
Casaldáliga- “es no contaminar la imagen del hombre”. El nuestro ciertamente
no es un problema financiero….
ARMAS: Según diversos informes sucesivos
del Insituto de Investigaciones de Paz de Estocolmo (SIPRI) el exhorbitado gasto
militar mundial no sólo no baja, sino que aumenta. En el libro del 2006
se citan las siguientes cifras: “El gasto militar mundial en 2005 asciende a
1.118.000 millones de dólares, lo que supone un crecimiento del 3.4% respecto
del gasto total en 2004, y un 10% respecto de 1996. Si os pasa como a mi, que la
cifra es tan gigantesca, que resulta casi imposible codificarla, os doy otro
dato: cada año se fabrican 8 millones de armas más y 16.000 millones de
municiones; en otras palabras, la producción de municiones es suficiente para
matar dos veces a cada ser humano del planeta, todos los
años.
SALUD: Con fecha de 15, 16 y 17 de Enero
de 2008 el New York Times publicaba un escándalo gigantesco en la industria
farmacéutica: Merck y Schering había diseñado un gran experimento para
establecer la conexión entre bajar el colesterol y prevenir la enfermedad
cardiovascular. La cifra anual de ventas para drogas que bajan el colesterol es
de 40.000 millones de dólares. El resultado del experimento fue, para su
sorpresa, que no existe correlación entre la disminución del colesterol
y la prevención de enfermedad cardiovascular. Uno de los efectos secundarios de
las drogas para bajar el colesterol es que las placas en las arterias coronarias
(que sí correlacionan con el ataque cardíaco) se desarrollaban el doble de
rápido. 5 millones de personas tomaban los medicamentos de Merck y Schering para
bajar el colesterol y la multinacional ocultó el resultado durante dos
años. Sucede lo mismo con la quimioterapia, no hay ninguna evidencia de
cura, muy por el contrario hay estudios serios que demuestran que los sus
efectos colaterales más comunes son, nuevos cánceres y nuevas oportunidades de
vender drogas.
Esto y
no nuestras finanzas es lo que se desmorona ante nuestros ojos. La
deshonestidad, el fraude, la codicia, el materialismo, la crueldad que permiten
hacer de la enfermedad y la guerra un negocio, son las cuestiones que están en
crisis. Creer que la solución es tan compleja que nadie la tiene, es un
grave error, no caigamos en él. Es grave porque es falso y es grave porque
conduce al pesimismo. Si algo hay que no necesitamos es más deseperanza y más
confusión. Los tiempos que afrontaremos serán difíciles, pero serán también
tiempos para nuestras más elevadas esperanzas, tiempos potencialmente gloriosos.
El símbolo del I Ching que habla de Crisis expresa que es una oportunidad.
Efectivamente estamos ante una oportunidad sin precedentes, lo único que
necesitamos es disponernos a abrir el corazón. Si abrimos el corazón nacemos a
una identidad real, nacemos al ser y nacemos a la paz.
La paz
interior es ausencia de juicio, culpa, exigencia, prisa, tensión y crítica; es
la condición necesaria para conectarnos profundamente a nosotros. Si has sentido
querido lector, que eso es idílico, imposible, sitúa allí la tarea:
en modificar tu creencia. Ese es el verdadero enemigo, ese listón bajo,
esa creencia de que somos tanto menos de lo que en realidad somos. Cuando
comenzamos a despertar comprendemos que no hay enemigos afuera, ni problemas
afuera disociados de una tarea interior, entonces, todas las situaciones se
convierten en escenarios propicios para aprender.
Conectados a nosotros vivimos la conexión con el
mundo, conscientes de la conectividad, resolvemos el problema del temor. El
temor es la madre de todos los males, trabajar en él es nuestro verdadero
objetivo. No es con antidepresivos, pastillas para el colesterol y armas como
lograremos el bienestar y la paz. No es consumiendo productos caros, o alcohol,
o drogas como tendremos la sensación profunda de ser alguien esencial en la vida
de nuestros amigos, de nuestros hijos, alguien único, irrepetible, original; la
experiencia cierta de pertenecer a la cadena de la vida, que permite sentir que
todo tiene un sentido más allá de las apariencias y permite ver más allá de la
confusión. La paz no depende de los políticos, la salud no depende de las
multinacionales farmacéuticas, ni siquiera de los médicos. Nuestra salud depende
de la inteligente gestión de nuestra vida que depende de encontrar un profundo
sentido a nuestra existencia. Dejemos de delegar el poder en otros; asumamos
que, por fortuna, nuestra vida depende de
nosotros y es sagrada. Esa es la
oportunidad que esta crisis presenta, ella es como una enorme ola, llegará y su
alcance será más profundo de lo que muchos imaginan. Podemos buscar la ayuda
adecuada para iluminar nuestro mundo emocional, para ver con nuevos ojos y
surfearla o quedar sumergidos; de nosotros depende.