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31-May-09 8:45 AM  CST  

BLAS BRUNI CELLI 

Palabras de Blas Bruni Celli en el acto de recibir el Premio Alma Mater 2009 el día jueves 28 de mayo de 2009.

        Profesor Carlos Eduardo Gómez, Presidente de la Asociación de Egresados y Amigos de la UCV y demás miembros de su Junta Directiva.

Autoridades académicas, Colegas profesores, estudiantes, egresados de ésta y otras Universidades, amigos todos, Sras. Sres.

Desde la más remota antigüedad la luz ha simbolizado la vida, la sabiduría, la justicia, el bien y la esperanza, en oposición a las sombras, las tinieblas, las penumbras, la oscuridad que representan el mal y la ignorancia. Como tal símbolo, la luz ha estado presente en los grandes poemas épicos, en las cosmogonías, en los mitos, en las alegorías y las fábulas.

Platón en su grandiosa obra cosmogónica, el Timeo, cuando explica la formación del Cosmos, nos dice que una vez terminada la tarea ‘Dios encendió una lámpara, la que actualmente llamamos Sol, con la finalidad de que todo el cielo se iluminara y los seres vivientes participaran del número en la medida en que lo aprendían’.

Pero también es el mismo Platón en su diálogo República quien por primera  vez eleva a la categoría de especulación filosófica, en su famosa alegoría de la caverna, la metáfora de la luz para explicar el complejo trayecto que va de la ignorancia a la sabiduría, y que en una apretada síntesis la resumimos así: hombres que moran en el fondo de una caverna, atados de forma tal que sólo podían mirar hacia el fondo, ven pasar las sombras que se proyectan desde la entrada. Siempre han vivido allí, y por tanto sus realidades son las sombras. Cuando uno de ellos se libera y sale fuera, y a la luz del día ve las personas y los objetos reales cae en cuenta de que ha vivido siempre en la mentira y en ese instante comienza la dura tarea de convencer a sus compañeros de infortunio de la urgencia de su liberación.

Ríos de tinta han comentado y explicado tanto la alegoría de la caverna como la grandiosa concepción del Universo en el Timeo y en todos los tiempos la luz, como símbolo de la verdad ha sido una constante universal que alcanza su más sublime expresión en las sobrecogedoras frases que Juan (8, 12) pone en boca del Señor: ‘Yo soy la luz del mundo: el que me sigue no caminará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida’. Y que enfatiza Pablo en su carta a los Efesios (Ephesios 5, 9) : “El fruto de la luz consiste en toda bondad, justicia y verdad.”

Los grandes pensadores de la civilización occidental con proverbial sabiduría han proclamado el símbolo de la luz como la representación más excelsa de la divinidad, y así para Agustín de Hipona, Dios es una luz incorpórea infinita; o como un recurso para entender la realidad y por ello Hegel explica la dialéctica del mundo en la lucha del reino de la luz contra el reino de las tinieblas. Pero Kant entra en mayores precisiones cuando define el siglo de las luces, el de la ilustración, su propio tiempo (el aufklärung) como la ‘posibilidad de hacer uso de las propias capacidades racionales y que de éstas broten otras como por ejemplo la necesidad de la educación para hacer más potentes las capacidades racionales’. 

Bajo estos signos, y dentro de esta inspiración nacieron las Universidades. Nacieron, repito, como instituciones para difundir luz con el signo de la Universalidad; con apertura y tolerancia a todas las formas del pensar, como modelos de convivencia civilizada; con la obstinada tarea de buscar la verdad, esa insondable aletheia, ese eterno espejismo que incansablemente perseguimos. Nuestra Universidad Central republicana nació también con el sueño de ser una institución para difundir las luces de la virtud, la sabiduría, las artes y las ciencias. Así la concibió el Libertador en su decreto de 1827 y también su primer Rector republicano el Dr. José Vargas. Y de esa línea no se ha separado ni un momento. Para seguir la milenaria tradición, se esculpió en su escudo y en su sello una lámpara votiva que simbólicamente señalara y recordara siempre su primordial razón de ser: difundir las luces y vencer las sombras. Tampoco faltó, y como una proclama solemne, en la letra de su himno, escrita por nuestro admirado poeta Luis Pastori: ‘es la casa que vence las sombras’. Porque eso ha sido nuestra Universidad Central: una institución que irradia luz con generosa y noble presencia en la vida nacional; en sus casi tres siglos de existencia y cuantas veces ha sido necesario, ha estado firme en la defensa de la libertad y de la dignidad nacional. Presente estuvo en 1814 en la batalla de La Victoria, implacable, y siempre vencedora, frente a todas las tiranías y dictaduras que poblaron y hollaron las páginas de nuestra accidentada historia en los siglos XIX y XX y ahora mismo, como siempre, muy presente en este siglo XXI, preparada con su gran reserva moral y espiritual, erguida como una fortaleza, unida toda, al lado de su muy magnífica y valientísima rectora Cecilia García-Arocha y su equipo rectoral, para enfrentar las tenebrosas e insolentes sombras que se asoman y amenazan con destruir los principios  esenciales de nuestro estado, que, como lo soñaron nuestros libertadores, ha de ser para siempre republicano y democrático, en el cual la dignidad y la libertad ciudadana es su piedra fundamental.

Sres.

Este premio Alma Mater lo recibo con humildad, con gratitud y también con mucho orgullo, orgullo ucevista muy auténtico, porque desde mi egreso de esta casa el 31 de julio de 1950, hace ya bastante más de medio siglo, compartiendo experiencias con ilustres maestros, compañeros y discípulos de muchas generaciones, no he dejado un solo instante de rondar por sus senderos, de celar su destino, de amar su nobleza y de sentir el calor fecundo de sus fuegos sacrosantos.

Sres. 

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Source: BLAS BRUNI CELLI
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